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Galardonado con el Premio Medioambiental Goldman 2010 para Centro y Suramérica

RANDALL ARAUZ
San José, Costa Rica

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Enfocando la atención del mundo sobre la inhumana y ecológicamente desastrosa industria de aleteo de tiburones, Randall Arauz encabezó la campaña que puso fin a esta práctica en Costa Rica, haciendo de este país un ejemplo internacional para la protección del tiburón.

Decae la población de tiburones
La región oriental del Océano Pacífico históricamente ha sido hábitat de importantes poblaciones de tiburones. En aguas de Costa Rica se han identificado más de 18 especies diferentes. Actualmente se encuentran en grave peligro muchas especies de tiburones. En los últimos cincuenta años, la población mundial de tiburones ha decaído en un 90 por ciento a causa de la pesca excesiva, situación que ha empeorado en las últimas décadas con la creciente demanda de aletas de tiburón, específicamente como ingrediente clave en la sopa de aletas de tiburón. En China y en restaurantes chinos por todo el mundo, la sopa de aletas de tiburón es un manjar exquisito que en otra época se consideraba un lujo exclusivo para ocasiones especiales. Hoy día, con el crecimiento vertiginoso de la economía china y la expansión de su clase media, aumenta la demanda por esta sopa, con el resultado de que el aleteo de tiburones ha diezmado una población otrora abundante. Anualmente son sacrificados hasta 100 millones de tiburones para satisfacer la demanda mundial. Este cambio sin precedentes en las poblaciones de tiburones representa una amenaza grave contra el frágil equilibrio que un sano ecosistema marino requiere, poniendo en peligro a la industria pesquera y con ello el sostén económico de comunidades pesqueras en todo el mundo.

Conservacionistas han criticado el aleteo de tiburones por ser una práctica derrochadora de recursos, mientras que activistas pro derechos de los animales lo han tachado de brutal. Las flotas pesqueras internacionales dedicadas a la pesca de tiburones con el objetivo específico de cercenarles las aletas, capturan a miles de estos animales, además de otros organismos marinos, mediante el método de línea larga o pesca de palangre, que consiste en arrastrar miles de líneas cubiertas de anzuelos. Los tiburones son subidos a bordo donde, aún vivos, los trabajadores les cortan las aletas para luego botarlos de vuelta al mar donde mueren. Las aletas de tiburón pueden venderse a $70 el kilo, mientras que por la carne de tiburón a lo sumo obtendrían alrededor de $.50 el kilo, razón por la cual desde el punto de vista económico no tiene sentido ocupar su valioso espacio de carga con los cuerpos de estos animales. Al quedarse únicamente con las aletas para llevarlas al mercado, una sola expedición pesquera podría rendir millones de dólares en ganancias.

La posibilidad de obtener a corto plazo tales ganancias ha llevado a muchos gobiernos del mundo a flexibilizar las leyes que regulan la pesca o sencillamente a hacerse los de la vista gorda frente al aleteo de tiburones. En 2004, Costa Rica era el tercer exportador más grande de productos de tiburón en el mundo, incluyendo 8,000 toneladas de aletas. Buques de Taiwán, China, Indonesia y otros países pescan en aguas ricas en tiburones, pagan a los gobiernos locales los aranceles requeridos para desembarcar las aletas en sus muelles y las destinan a Hong Kong, principal mercado para las aletas de tiburón.

Pasos hacia la protección permanente
Arauz, conservacionista que en 1997 fundó el Programa Restauración Tortugas Marinas (PRETOMA), es uno de los voceros más importantes de la campaña para prohibir el aleteo de tiburones. Como biólogo y conservacionista especializado en tortugas, Arauz ha colaborado con la industria camaronera en Costa Rica para reducir el impacto nocivo que la pesca de arrastre ha tenido sobre la población de tortugas. Habiendo logrado la adopción de una nueva tecnología de arrastre de parte de la industria pesquera, se dio cuenta de que también los barcos palangreros estaban causando la muerte de tortugas marinas. Cuando un amigo de Arauz consiguió empleo como cocinero en uno de estos barcos dedicados a la pesca de tiburones, Arauz le envió una cámara de video con el fin de averiguar más sobre esta técnica de pesca. Cuando recibió el video, lo que vio lo dejó completamente horrorizado. Hasta ese momento no sabía de la existencia del aleteo de tiburones, pero al ver a todo color esta brutal práctica, no pudo menos que asumir el compromiso de poner fin a esta práctica en Costa Rica.

En 2003, un video filmado en secreto mostró cómo un buque taiwanés desembarcaba ilegalmente en un muelle privado de Puntarenas y a altas horas de la noche, 30 toneladas de aletas de tiburón, cantidad equivalente a treinta mil tiburones sacrificados. El video, entregado a los medios noticiosos por Arauz, horrorizó y escandalizó al público costarricense y a la comunidad internacional, galvanizando el apoyo público a la campaña que acto seguido lanzó por la aplicación estricta de las leyes vigentes del país contra el aleteo de tiburones. La campaña movilizó el respaldo de ochenta mil ciudadanos y 35 diputados de la Asamblea Legislativa quienes firmaron un llamado al presidente de Costa Rica pidiéndole poner fin a dicha práctica e impedir el uso de muelles privados para el desembarque de barcos extranjeros, de conformidad con lo dispuesto en la legislación vigente de aduanas. La petición y la atención que los medios prestaron al clamor del público llevó a la dirección de aduanas a prohibir en noviembre de 2004 todo desembarque en muelles privados de productos pesqueros por barcos internacionales mientras no estén en cumplimiento de la ley. Desafortunadamente la prohibición duró solo unas cuantas semanas.

Luego de esta medida interina, en febrero de 2005 entró en vigencia una nueva ley nacional de pesca que específicamente prohíbe el aleteo de tiburones y requiere que todo tiburón desembarcado tenga las aletas adheridas al cuerpo. La nueva legislación también pidió multas y cárcel para quienes sean capturados desembarcando aletas de tiburón en puertos costarricenses.

No obstante, la industria pesquera no tardó en encontrarle huecos a la ley, huecos que aprovecharon para seguir aleteando tiburones. Como la ley permitía el desembarque de tiburones enteros con las aletas "adheridas", las flotas pesqueras comenzaron a amarrar aletas de gran tamaño a los cuerpos de tiburones pequeños, eludiendo de esa forma la prohibición contra el aleteo. En agosto de 2006, Arauz logró tapar tales huecos.

Arauz también presentó en la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, máximo órgano judicial de Costa Rica, un recurso de amparo contra el Instituto Costarricense de Pesca y Acuacultura, la Dirección General de Aduanas y el Ministerio de Obras Públicas y Transporte, por incumplimiento con la ley vigente de aduanas. En 2006, el tribunal dictó a favor de PRETOMA.

En el curso de su campaña en Costa Rica, Arauz ha colaborado estrechamente con el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Congreso para instar a las Naciones Unidas que prohíba el aleteo de tiburones y ponga fin a toda la pesca de palangre en las aguas internacionales del Pacífico oriental. Para Arauz, una prohibición total tendría un claro efecto disuasorio sobre las naves dedicadas al aleteo y ayudaría a reducir el impacto negativo sobre otros organismos marinos capturados accidentalmente. En 2007, la Asamblea General de la ONU adoptó lenguaje que pide a los estados hacer obligatorio que toda aleta de tiburón que se desembarque vaya adherida al cuerpo del tiburón, marcando un importante cambio de política y una gran victoria para Arauz y otros activistas que trabajan por la protección del tiburón en todo el mundo.

Desde que la ONU emitió dicha recomendación, Arauz ha representado a Costa Rica en varias reuniones de ese organismo abogando a favor de la prohibición total del aleteo de tiburones. En 2007 participó como delegado oficial de Costa Rica en una reunión de la Convención de la ONU sobre Especies Migratorias, donde jugó un papel decisivo en la elección de su país a una comisión de cinco países encargada de redactar el borrador de un documento de cooperación internacional para la protección del tiburón.

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