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Galardonada con el Premio Medioambiental Goldman 2008 para las Islas y Naciones Isleñas

Rosa Hilda Ramos
San Juan, Puerto Rico

A la sombra de las fábricas contaminantes que rodean la comunidad de bajos recursos de Cataño, en San Juan, los humedales y manglares de la Ciénaga Las Cucharillas proporcionan un importante hábitat a las aves acuáticas y migratorias, además de brindar protección contra las inundaciones y proveer el espacio abierto que tanto necesitan los habitantes locales. Tras encabezar un movimiento para obligar a la industria contaminante a asumir su responsabilidad por el alto índice de enfermedades respiratorias en Cataño, Rosa Hilda Ramos logró convencer a la Agencia de Protección Ambiental de Estado Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), a destinar a la protección a largo plazo de la Ciénaga de Las Cucharillas millones de dólares provenientes de las multas por contaminación.
La justicia ecológica lleva a la conservación
En los años 90 se determinó que Cataño, una comunidad de 35 mil habitantes ubicada en la zona metropolitana de San Juan y colindante con la Ciénaga Las Cucharillas, sufría el índice más alto de enfermedades respiratorias e incidencia de cáncer en Puerto Rico. La principal causa era la contaminación atmosférica producida por las plantas generadoras de energía eléctrica a base de petróleo administradas por la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE). La EPA tenía conocimiento de los altos índices de contaminación en la zona de Cataño y había notificado al gobierno de Puerto Rico del peligro que ello representaba para la salud de los habitantes; pero a pesar ello, para 1991 ninguna de estas entidades había tomado acción alguna para abordar el problema.
Cuando la madre de Ramos murió de cáncer en 1990, Ramos decidió a donar quienes lo necesitaran el equipo médico que había usado su madre, habiéndose enterado de que en algunas comunidades menos afortunadas de la ciudad la gente se veía obligada a compartir el uso de respiradores. Al darse cuenta de que muchos de sus vecinos sufrían de las mismas dolencias respiratorias y cancerosas, Ramos y otros líderes comunitarios fundaron en 1991 la organización Comunidades Unidas Contra la Contaminación (CUCCo), con el objetivo de conseguir que se hiciera justicia. Ese año, Ramos y CUCCo plantearon sus quejas directamente al Departamento de Salud y la Junta de Calidad Ambiental de Puerto Rico, exigiendo que la EPA tomara acción al respecto. Ante la persistencia de Ramos y CUCCo, la EPA decidió celebrar audiencias públicas para discutir el asunto. Como resultado de ello, dicha agencia determinó que la AEE se hallaba en contravención de las leyes federales de Aire Limpio y Agua Limpia, y la Junta de Calidad Ambiental de Puerto Rico le impuso una multa de US $10,000.
Si bien la decisión representó una primera victoria para CUCCo y la comunidad de Cataño, para 1993 las plantas generadoras de energía aún no habían reducido sus emisiones tóxicas. Ramos y CUCCo ingresaron a la demanda puesta por parte de AEE contra PREPA, actuando pro se en la corte federal. Al final, la AEE fue hallada responsable de las enfermedades respiratorias y dolencias afines sufridas por los habitantes de Cataño, imponiéndosele una multa de US$7 millones. Fue la primera vez que ciudadanos en Puerto Rico pudieron sentarse a negociar directamente con la EPA y los reguladores, un hito para la justicia medioambiental en la isla.
El tribunal ordenó a la AEE pagar los US$7 millones directamente al gobierno federal. Sin embargo, Ramos y CUCCo tenían otro plan para el destino de esos fondos. Recomendaron a la EPA que destine parte de esa multa multimillonaria a la adquisición de los terrenos de propiedad privada en la Ciénaga Las Cucharillas y así darle una protección permanente.
Victoria comunitaria para la conservación
La Ciénaga Las Cucharillas, de una extensión de 1,200 acres al lado de Cataño, forma parte del Estuario de la Bahía de San Juan en Puerto Rico, el único estuario tropical en el Programa Nacional de Estuarios de Estados Unidos. La ciénaga sirve de hábitat para la mayor diversidad de aves acuáticas en la región, además de brindar un lugar de descanso en una zona donde abundan edificios de almacenaje, carreteras, plantas de energía eléctrica y varias fábricas. Sus manglares y humedales ofrecen una importante barrera de protección para las comunidades de Cataño contra el frecuente peligro de inundación, agravado en estos últimos años por la cada vez mayor intensidad de las tormentas tropicales. A pesar de su importancia a largo plazo para la ecología y la comunidad, la ciénaga no ha sido considerada oficialmente como área protegida.
Cataño se adhirío a la propuesta de Ramos de destinar el dinero de las multas a la protección de Las Cucharillas. En 1999, Ramos y CUCCo lograron convencer a la EPA que destine US$3.4 millones de los $7 millones de la multa impuesta a la AEE para la compra y protección de la Ciénaga Las Cucharillas. Sin embargo dichos fondos no bastaron para comprar la totalidad de los 1,200 acres de terrenos de la ciénaga, de manera que en 2001 Ramos y CUCCo reunieron a un grupo diverso de constituyentes con el fin de desarrollar estrategias para la compra y conservación de tierras adicionales. La coalición debió hacer carrera contra el reloj para impedir la construcción de edificios de almacenamiento en secciones grandes de los terrenos privados de la ciénaga.
A finales de 2004, la Corporación Bacardí, que tiene una fábrica en Cataño, transfirió a la reserva de la Ciénaga Las Cucharillas un terreno de 10 acres, valorado en aproximadamente US$1 millón. Promovido por Ramos en sus conversaciones con la empresa, el traspaso del terreno formó parte de un arreglo negociado entre la Bacardí y la EPA para resolver contravenciones a la Ley de Agua Limpia en que había incurrido la fábrica. En abril de 2007, en un acuerdo similar, la EPA anunció que la empresa Wal-Mart proporcionaría casi US$100,000 para la conservación de tierras en la cuenca hidrográfica de la Ciénaga Las Cucharillas. Ya para 2007, los esfuerzos de Ramos y CUCCo habían dado como resultado la adquisición y protección permanente de 300 acres de la ciénaga.
Como consecuencia de la persistente campaña realizada por Ramos, en agosto de 2004 la gobernadora de Puerto Rico emitió una orden ejecutiva donde declaró zona protegida a la Ciénaga de Las Cucharillas. La gobernadora Calderón sometió el asunto a la Junta de Planificación de Puerto Rico, donde debió pasar por varias etapas de revisión. La junta ha programado audiencias públicas sobre el asunto, las cuales marcarán el paso final de este proceso para establecer la Reserva Natural de Las Cucharillas.

 

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