Galardonado con el Premio Ambiental Goldman 2008 para Centroamérica y Sudamérica

Pablo Fajardo Mendoza y Luis Yanza
Lago Agrio, Ecuador

En una lucha por la justicia a raíz de lo que ha llegado a conocerse como uno de los más catastróficos desastres ecológicos de la historia, Luis Yanza y Pablo Fajardo encabezan una batalla legal sin precedentes, con el apoyo de la comunidad, contra uno de los gigantes mundiales del petróleo. De acuerdo con los demandantes, a partir del año 1964 hasta el año 1990, la empresa Texaco desechó directamente sobre la Amazonía ecuatoriana cerca de 17 millones de galones de petróleo crudo y 20 mil millones de galones de aguas residuales derivadas de la perforación de pozos. En lo que podría llegar a ser el mayor juicio Ambiental jamás entablado en el mundo, los habitantes de la región alegan estar sufriendo los efectos insalubres de la contaminación y demandan la limpieza total de la región. Yanza es cofundador del Frente de Defensa de la Amazonía, organización creada con el fin de organizar a los treinta mil habitantes de la norteña Amazonía ecuatoriana para entablar una demanda colectiva contra Texaco, empresa que fue adquirida por Chevron en 2001. Pablo Fajardo, residente en una de las comunidades afectadas, encabeza el equipo de abogados a cargo del pleito y se ha convertido en la voz pública de los demandantes.
Contaminación petrolera sin precedentes
La Amazonía ecuatoriana alberga el cinco por ciento de todas las especies de flora y fauna del planeta y es uno de los lugares con la mayor diversidad de la Amazonía y el mundo entero. Siendo el principal inversionista petrolero de la región en los años 70 y 80, la Texaco construyó gran parte de la infraestructura petrolera del Ecuador pero decidió no reinyectar de vuelta al subsuelo las llamadas aguas de formación: aguas residuales y sedimentos que la perforación de pozos extrae a la superficie. En lugar de ello, según los demandantes, miles de millones de galones fueron vertidos en las vías acuáticas de la región o depositados en más de 1,000 fosas al aire libre y sin revestimiento esparcidas por toda la región. Según cálculos de la propia empresa, ésta derramó cerca de 17 millones de galones de petróleo sobre los suelos y vías acuáticas, y otros veinte mil millones de galones de aguas de formación. A manera de comparación, el buque petrolero Exxon Valdez derramó poco más de 10 millones de galones de petróleo. En 1992, la Texaco abandonó el Ecuador, dejando atrás lo que expertos y habitantes del área han denominado un desastre ecológico monumental.
Hasta la fecha los treinta mil habitantes de la región siguen bebiendo principalmente agua que los expertos involucrados en el caso consideran contaminada. De acuerdo con los demandantes, muchas de las fosas de desechos siguen contaminando los ríos, arroyos y aguas subterráneas. En algunas zonas, todas las fuentes de agua se encuentran contaminadas y pocos peces sobreviven en los ríos. Los demandantes alegan que la exposición prolongada a sustancias tóxicas ha dado lugar a una grave crisis de salud, y para los que viven en proximidades de la contaminación, ha aumentando drásticamente la incidencia de enfermedades de la piel, dolencias respiratorias y anormalidades reproductivas, aparte de sufrir índices de cáncer siete veces más altos que el resto de la población nacional. Igualmente reclaman que la devastación regional incluye más de ochocientos mil hectáreas de territorio deforestado. No obstante, la empresa Chevron alega que los problemas ambientales y de salud de la región no provienen de la contaminación que dejó Texaco, y que Chevron ya no es responsable de ello.
Dirigiendo a la comunidad en busca de justicia
En 1993, Yanza y un equipo de abogados con sede en Estados Unidos entablaron una demanda colectiva contra Texaco. Los demandantes eran una coalición de habitantes de la región agrupados por la organización de Yanza, incluyendo 80 comunidades y cinco etnias indígenas. A principios de ese año entablaron la demanda contra Texaco (adquirida por Chevron en 2001) en una corte de distrito de Nueva York, a poca distancia de las oficinas centrales de dicha empresa. En 1996 un juez de la corte superior desestimó el caso, pero los demandantes apelaron su decisión, logrando revertirla. En 2002 la Corte Federal de Apelaciones de Estados Unidos concedió la petición de Chevron de enviar el caso a Ecuador, pero advirtió a la misma que los tribunales federales intervendrían de intentar dicha empresa evadir algún fallo dictado por las cortes ecuatorianas.
En mayo de 2003, los 30 mil demandantes, dirigidos por equipo legal de Fajardo, entablaron juicio en la Amazonía norteña del Ecuador, en el que demandan que la empresa Chevron pague por una limpieza total, incluyendo la remoción de todas las aguas de formación, desechos y equipos, remediación de todos los cuerpos de agua y tierras contaminadas; recuperación de la fauna, flora y vida acuática, y el monitoreo y mejoramiento de la salud de los habitantes.
La empresa Chevron no niega haber vertido aguas de formación o petróleo en la región, pero alega que la contaminación resultante no ha hecho daño a los habitantes y que de ninguna manera es responsable de su limpieza. En Marzo de 2007, los demandantes, con la abundante prueba aportada acumulada en 45 inspecciones judiciales realizadas sobre el terreno, ya hubieron comprobado la existencia de una extendida contaminación, y que no era necesario demorar más el asunto. El juez ordenó iniciar la valoración de los daños, lo cual ya se está realizando a cargo de un perito independiente. Anticipando una decisión final en 2008, Fajardo y Yanza han estado viajando sin descanso por todo el país con el mensaje de que el juicio es un asunto de dignidad y soberanía nacionales.
mpacto a largo plazo
Los esfuerzos de Yanza y Fajardo ya han tenido un impacto de largo alcance sobre la industria petrolera del Ecuador. Han sacado a la luz pública las consecuencias a largo plazo para el ambiente y los habitantes, llevando al gobierno ecuatoriano a promulgar leyes más severas de protección ambiental. El legado de las empresas Texaco y Chevron en Ecuador es ahora parte integral de la conciencia colectiva de la nación. Recientemente, Fajardo y Yanza sirvieron de anfitriones al presidente del Ecuador en una visita que éste realizó a las antiguas instalaciones de Texaco, con el resultado de que el gobierno se comprometió a reubicar varias comunidades afectadas por la contaminación.
Su labor no ha estado exenta de riesgos de gravedad. Yanza, Fajardo, sus familias y varios de sus colegas han sido objeto de amenazas de muerte, acoso e intimidación. En diciembre de 2005, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos emitió medidas cautelares para proteger las vidas de Yanza y Fajardo. El hermano de Fajardo fue asesinado pocos meses después de vincularse al equipo legal; hasta el momento no ha habido ninguna investigación ni se ha arrestado a nadie por su homicidio. Fajardo se ha visto obligado a variar su rutina diaria, a menudo debiendo dormir en un lugar diferente cada noche.

CENTRAL AND SOUTH AMERICA (ECUADOR):
Milagros Aguirre Andrade
Teléfonos: (593-2) 246 40 48 /movil: 094255817
email: aguirre.milagros@gmail.com

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